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Night Time Is The Right Time

6 de noviembre de 2010

Mediaba la década de los ochenta y los viernes suponían el comienzo de la fiesta. Éramos muy buenos estudiantes. De lunes a viernes no faltábamos a clase, por las tardes pasábamos los apuntes, leíamos la bibliografía y hacíamos los trabajos. En junio, sacábamos unas notas de la hostia y los veranos eran un paraíso. Los fines de semana, también.

Durante los primeros cursos de la Universidad el plan era prácticamente el mismo, con sus variantes internas.

Pillábamos en el Campus de Lejona, ahora Leioa, el bus a Donosti sobre las dos o tres de la tarde. Era un puntazo. Yo salía corriendo de Periodismo. Mi hermano Kike, desde su paso por Leioa, Kiko, de Medicina, y frente a Biología esperábamos que los abonados subieran al bus y rezábamos para que quedaran un par de plazas libres.

Si no, teníamos que hacer dedo hasta Bilbao y pillar un Pesa. La estación estaba cruzando lo que quedaba de la ría Nervión a la altura del Mercado de la Ribera (precioso, ahora en feliz proceso de restauración) y desde la estación de buses nacía La Palanca, también llamada calle de las Cortes, de un barrio muy guay y silente que es Bilbao La Vieja. Muy recomendable y diferente.

José (Warrior, le decía mi brother) solía apuntarse y venía con nosotros.

Nada más llegar a Donosti nos bajábamos en Sancho el Sabio y nos íbamos directos a Goenaga, una panadería ya desaparecida, donde pillábamos una tableta de chocolate Milka. Más adelante, había un video club y pillábamos una peli de tiros. La que fuera.

Subíamos a casa, que estaba a la vuelta, junto al Urumea, el río de Donosti, y arrasábamos con el frigo. Los Santos, buenos amigos que vivían en Las Arenas acuñaron por aquél entonces la mítica frase que nos acompañaría durante todos los años de la UPV (la Universidad del País Vasco): "A los Barrera se les recibe con los brazos abiertos y el frigorífico cerrado".

Besos al Aita y a la Ama (golpes de voz en la segunda sílaba, que somos de Gipuzkoa), luego aparecería nuestra hermana, y tras zamparnos el frigo con viandas como merluza rebozada, jamón serrano, queso de Idiazabal, empanadas gallegas de bonito o carne, chorizo de Pamplona, galletas Príncipe, plátanos y yogures, nos apalancábamos en el sofá con la tableta de Milka y poníamos la peli de tiros en el vídeo. Nos quedábamos sobaos. Luego nos despertaríamos, averiguábamos cuando se había quedado sopa cada uno, rebobinábamos y acabábamos de verla.

Duchita, a ponerse guapo y a Loviejo a tomar potes con los colegas. Había tres variantes. Si venía Jose quedábamos con los Aldasoro, Antxon y compañía, los compañeros de clase de Periodismo en la UPV. Si no, Kike se iba con su cuadrilla por su cuenta y la nuestra quedaba siempre a partir de las ocho de la tarde en Blis Bloch, la tienda de Víctor donde curraba Herminio de la que algún día hablaré. Estaba en la calle Pescadería.

Nos íbamos de potes con calma, hasta la una de la mañana o así. Siempre te podías liar, sobre todo si había chicas de por medio, que era nuestra afición favorita, lógicamente. Había dos razones para recogerse más o menos pronto. El día para trasnochar y hacer gaupasa era el sábado, porque el domingo, hasta las cinco, no había nada que hacer. A las cinco nos íbamos todos a Atocha a ver a la Real.

Las dos razones para volver relativamente temprano el viernes a casa eran el partido de fútbol que jugábamos el sábado por la mañana en los patios de Marianistas, nuestro colegio, y Bill Cosby.

El show de Bill Cosby era un fijo que ponian los viernes a las ocho y media de la tarde. Como a esa hora andábamos de potes por Loviejo, el Aita lo grababa en el vídeo Sony Beta (Juas. Qué tiempos!) y cuando llegábamos el viernes sobre la medianoche, lo poníamos y lo veíamos los tres juntos con el resopón.

Eran tiempos de lo que llamabamos descojonaos de la vida Las Siete Comidas Reglamentarias (Desayuno, amaiketako o almuerzo, aperitivo, comida, merienda, cena y resopón). El resopón es lo que picas cuando vuelves de potes o de copas antes de sobar.

Decía que era entonces cuando el Aita, Kike y yo nos juntábamos y veíamos el capítulo de Bill Cosby.

Eran tiempos realmente felices. Sencillos y felices. Llenos de ilusiones y felices. Rodeado por la gente que te quiere y felices. Una buena lección que debo recuperar y que así me lo he propuesto, que el joven Javi enseñe al maduro Javi.

La otra noche veíamos la peli sobre Ray Charles en casa y, de repente, pegué un respingo. 25 años después, volví a escuchar esa canción que miles de veces bailamos en casa el Aita, Kike y yo.

Hoy, la he encontrado tal y como la conocí.

Y me he sentido muy bien.

Me he sentido de puta madre.






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